jueves 5 de febrero de 2009

Empezar a reflexionar acerca de cómo es que influyen todos los sistemas existentes en mi medio circundante, es pensar en la sociedad contenida en lo que llamamos universo, y la individualidad de todo ser humano, comparándome con algo sencillo como una hormiga, y digo sencillo no porque las hormigas no tengan su complejidad como todo ser vivo, sino por ser el ejemplo más a la mano, ya que como esos pequeños seres me encuentro en este universo, y para no irme más lejos, en esta sociedad. Así con los aprendizajes que me han dado mi familia, el sistema político, social, educativo, moral, religioso, etc. He comprendido que no se puede presentar al ser humano como un ente simplemente individual, pues si bien, es cierto que cada persona posee sus propias características y virtudes, las cuales cada quien puede desenvolver y potenciar en el transcurso de su vida, (por medio de las experiencias adquiridas); no puede dejar a un lado que se desenvuelve en un contexto social, desde sus inicios, desde que me he concebido en el vientre de mi madre. Y esa sociedad me influenciará de alguna u otra forma durante todo el transcurso de mi vida, no importa que sea la persona que se encuentra vendiendo chicles en la esquina de la calle, porque todos esos ‘detalles’ me ayudarán a crear juicios y valores indispensables para mi propio crecimiento. Creando así esta triada tan característica del ser humano, para una adecuada homeostasis, (biológica, social y psicológica). En el ejemplo de la persona que vende chicles en la esquina de la calle puedo ejemplificar diversos sistemas, que actuarán dentro de mi propio marco de referencia, influenciándome así, para poder hacer diversas conjeturas acerca de porque vende chicles en la calle y no adquiere otro trabajo, así interviene el sistema económico, laboral, educativo, familiar, e incluso religioso que he adquirido en estos años y que tal vez por alguna u otra razón se ha dio modificando, este puede ser un ejemplo banal, pero muy cierto para mi, ya que de ahí puede hacer diversas inferencias, como ejemplo, que la persona no tuvo una estimulación dentro de su núcleo familiar, lo que le llevo a desertar en el nivel educativo, no obteniendo así un alto puesto laboral y por ende no obteniendo una alta posición económica. Vuelvo a repetir, este puede un ejemplo banal pero como ya mencioné, ejemplifica nuestro gran sistema llamado Universo, y los diversos suprasistemas que existen dentro de él (cultura, población, sociedad, política, etc.).
Así puedo recapitular que toda relación social, sea o no interpersonal me es enriquecedora por la experiencia misma, pues todos los día gozo de una nueva experiencia, cada segundo que pasa es una experiencia nueva, como personas pasan a mi lado cada segundo, simplemente cuando transito la calle; es así como voy recopilando una serie de aprendizajes que integraré a mi capacidad cognitiva o al menos eso es lo esperado.
Por supuesto que como todo sistema, tienen que existir enlaces, y entre ese sistema llamado universo y mi individualidad existen una gran cantidad de ellos (suprasistemas).
“La labor terapéutica […] te permite ‘ser’ y ‘crecer’ adaptativamente, al contener tus elementos desintegrativos y al favorecer tu integración intrapsíquica y social”.
Todo ser humano tiene el derecho y la libertad para ser como él lo desee y crecer de esa manera, pero siempre de una manera integral en la que se haga conciencia de que vivimos en una sociedad, por lo tanto haremos conciencia de que no debemos hacerle daño a las demás personas que se encuentran a nuestro alrededor, por lo que la labor terapéutica nos ‘enseña’ un ‘camino’ en el que podremos desarrollar las aptitudes y valores necesarios para dicha adaptación para nuestro propio bienestar y así mismo para nuestro crecimiento interior.
En este mundo las relaciones sociales que establecemos son de vital importancia ya que como dice Francoise Gauquelín:
“Para triunfar en la vida, ya sea en los negocios, el amor o la amistad, cada ser tiene que pasar necesariamente por los demás. Sin ellos no somos nada. Relación de un día o unión de toda una vida, el todo posee su propia voluntad que se armoniza o choca con la nuestra”.
Así puedo recapitular que toda relación social, sea o no interpersonal me es enriquecedora por la experiencia misma, pues todos los día gozo de una nueva experiencia, cada segundo que pasa es una experiencia nueva, como personas pasan a mi lado cada segundo, simplemente cuando transito la calle; es así como voy recopilando una serie de aprendizajes que integraré a mi capacidad cognitiva o al menos eso es lo esperado.
Por supuesto que como todo sistema, tienen que existir enlaces, y entre ese sistema llamado universo y mi individualidad existen una gran cantidad de ellos (suprasistemas).
“La labor terapéutica […] te permite ‘ser’ y ‘crecer’ adaptativamente, al contener tus elementos desintegrativos y al favorecer tu integración intrapsíquica y social”.
Todo ser humano tiene el derecho y la libertad para ser como él lo desee y crecer de esa manera, pero siempre de una manera integral en la que se haga conciencia de que vivimos en una sociedad, por lo tanto haremos conciencia de que no debemos hacerle daño a las demás personas que se encuentran a nuestro alrededor, por lo que la labor terapéutica nos ‘enseña’ un ‘camino’ en el que podremos desarrollar las aptitudes y valores necesarios para dicha adaptación para nuestro propio bienestar y así mismo para nuestro crecimiento interior.
En este mundo las relaciones sociales que establecemos son de vital importancia ya que como dice Francoise Gauquelín:
“Para triunfar en la vida, ya sea en los negocios, el amor o la amistad, cada ser tiene que pasar necesariamente por los demás. Sin ellos no somos nada. Relación de un día o unión de toda una vida, el todo posee su propia voluntad que se armoniza o choca con la nuestra”.
Psic. Sofía Martínez.









